«Los títeres son poesía que se ve, música que se calla y cuento que se mueve».
— Javier Villafañe
En el universo mágico de los títeres argentinos, ningún nombre resuena con tanta fuerza como el de Javier Villafañe (1909–1996). Poeta, titiritero y creador del legendario Maese Trotamundos, Villafañe no solo revolucionó el arte de los muñecos en Argentina, sino que lo convirtió en un vehículo de belleza, crítica social y fantasía popular.
El hombre que hacía caminar los sueños
Nacido en Buenos Aires, Villafañe descubrió su vocación siendo niño, cuando un titiritero callejero lo fascinó con historias movidas por hilos invisibles. Años después, abandonó sus estudios de arquitectura para seguir el llamado de los títeres, construyendo su propio teatro ambulante: un carromato tirado por caballos que recorrió pueblos, plazas y caminos de Argentina y América Latina.
En 1935, creó a Maese Trotamundos, un titiritero vagabundo que se convirtió en su alter ego y en símbolo de libertad. Con él, Villafañe mezcló tradición y vanguardia, llevando tanto clásicos como Don Quijote como obras propias cargadas de humor, ternura y reflexión.
Su contribución a la cultura titiritera
Villafañe fue un pionero en elevar el teatro de títeres a arte literario. Sus obras, como Los sueños del sapo o La calle de los fantasmas, son hoy clásicos infantiles y adultos.
Publicó decenas de libros, incluyendo memorias (La maleta) y poesía, siempre con la mirada puesta en lo lúdico y lo profundo.
Pedagogía y resistencia cultural
En los años 40 y 50, sus giras por América Latina (incluso con Pablo Neruda como invitado) difundieron un teatro independiente y accesible.
Durante la dictadura argentina, sus títeres se volvieron un refugio de metáforas libertarias.
El Carromato como símbolo
Su teatro ambulante era un manifiesto: el arte no debía encerrarse en salas elitistas, sino llegar a la gente. «Los títeres son del pueblo», repetía.
Hoy, Villafañe es una figura reverenciada: el Festival Internacional de Títeres de Buenos Aires y espacios como el Teatro San Martín llevan su espíritu. Titiriteros como Ariel Bufano o Adriana Sobrero reconocen su deuda con él, sus cuentos se leen en escuelas, y su carromato inspira proyectos de teatro comunitario.
Javier Villafañe murió en 1996, pero Maese Trotamundos sigue viajando. En cada función donde un títere hace reír o pensar, allí está su herencia: el arte como encuentro, la fantasía como resistencia y la convicción de que lo pequeño puede mover el mundo.