El universo de la cultura iberoamericana viste hoy sus galas de duelo. Jaime de Vicente Núñez, presidente de la Asociación Cultural Iberoamericana y alma del Otoño Cultural Iberoamericano, ese encuentro señero que cada temporada engalana Huelva, ha cerrado los ojos para siempre en su tierra natal. Con su marcha, a los 84 años, se va un hombre que supo hacer de la gestión un arte y del arte un puente. Y se queda, en cambio, una estela imborrable de fraternidad, de palabras compartidas y de miradas que cruzaron el océano sin pedir permiso.
Nacido en Madrid en 1942, De Vicente atesoraba una doble condición que pocos logran armonizar: la rigurosidad del ingeniero de formación y la ternura del humanista por vocación. Nunca concibió la cultura como un lujo reservado a unos pocos, sino como una mesa tendida, generosa, donde la poesía pudiera conversar con la pintura, el teatro con la música, y todas las artes reconocerse hermanas. Esa certeza lo llevó a fundar el Otoño Cultural Iberoamericano, que con los años se erigiría no solo en uno de los festivales más relevantes de España, sino en el escaparate más entrañable para los creadores americanos que buscaban una voz en el viejo continente.
Pero si algo distinguió a Jaime de Vicente fue su capacidad de echar raíces en tierras lejanas. Y entre todas ellas, la provincia de Córdoba —y muy especialmente Villa Carlos Paz— ocupó un lugar privilegiado en su mapa afectivo. Allí encontró un hogar espiritual, un lugar donde sus ideales de integración cultural cobraban cuerpo. Esa comunión se fue tejiendo día a día, a través de la gestión cercana que encabeza el intendente Esteban Avilés, y también mediante la incorporación del Grupo Editorial Corprens a la Asociación Cultural Iberoamericana, un movimiento que terminó de sellar el ingreso de Carlos Paz a la gran familia del OCIb. De Vicente no visitaba la ciudad: la habitaba, la sentía, la defendía.
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Su devoción por la poesía, además, lo llevó a sembrar versos en tierra andaluza. Fue el impulsor de los Bosques de la Poesía en la provincia de Huelva, ese conmovedor movimiento fundado por los poetas Leopoldo "Teuco" Castilla, Aldo Parfeniuk y Pedro Jorge Solans. Gracias a su empeño, la poesía echó raíces en las Marismas del río Odiel, en Cartaya y en el mismísimo Parque de Doñana, demostrando que el verso también puede florecer donde antes solo había silencio. Durante la última edición del Otoño Cultural, en el acto de homenaje a los fundadores del movimiento, De Vicente celebró con emoción ese reencuentro perpetuo entre las dos orillas del idioma.
Y su vínculo con la palabra no se detuvo allí. Asistió a la Primera Feria Internacional del Libro de Villa Carlos Paz, y en ese ámbito logró un acuerdo con el Ministerio de Cultura de Misiones para publicar, en una edición bilingüe castellano-guaraní, Platero y yo, la obra inmortal de Juan Ramón Jiménez. Un gesto que condensa su manera de entender la cultura: como un diálogo de igual a igual, sin jerarquías ni fronteras. En reconocimiento a su entrega sin fisuras, la ciudad de Carlos Paz lo distinguió con el Premio Carlos, la máxima condecoración que otorga aquella tierra que él supo querer con devoción.
En el Otoño Cultural de 2025, artistas plásticas carlospacenses cruzaron el Atlántico para exponer sus obras en Huelva, mientras se rendía tributo a los creadores del primer Bosque de la Poesía. Fue otra prueba, si hiciera falta, de ese ir y venir constante que De Vicente cultivó como un jardinero paciente: el intercambio genuino, la escucha atenta, la certeza de que la cultura no entiende de mapas.
Galardonado este mismo año con la Medalla de Huelva a la Cultura, Jaime de Vicente Núñez nos deja un legado que desborda cualquier geografía. Villa Carlos Paz, esa ciudad que llevaba tatuada en el alma, despide hoy a un amigo, a un sembrador incansable que intuyó, con una claridad casi profética, que la palabra y el arte son los únicos lazos que el tiempo no alcanza a corroer.
Descanse en paz, Jaime. Su obra no descansa: sigue andando en cada bosque de poesía, en cada libro que promovió, en cada mano que estrechó entre Huelva y Carlos Paz, entre España y el corazón inmenso de Iberoamérica.
Los poetas de los bosques lo despidieron con mensajes que dolían y abrazaban a la vez. Los artistas de México, Ecuador, Panamá y Portugal también inclinaron su cabeza ante su memoria. Y el intendente Esteban Avilés, con la voz quebrada por la ausencia, resumió el sentir de toda una comunidad: Lamentamos la partida de un amigo que nos llevó a todos los destinos españoles. Siempre tendrá su lugar en nuestra ciudad. Hasta siempre, Jaime".