La ceremonia, que contó con la presencia del rey Felipe VI y se desarrolló en el Teatro Municipal de la Ciudad Blanca, incluyó las intervenciones del director del Instituto Cervantes, Luis García Montero; el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; el director de la Real Academia Española (RAE), Santiago Muñoz Machado, así como de escritores de la talla de Javier Cercas y Soledad Álvarez.
Luis García Montero, encargado de clausurar el acto, hizo mención especial al ensayo La civilización del espectáculo, texto que, en sus palabras, “convida a reflexionar sobre la cultura y la existencia desde una perspectiva que no se confine al elitismo, pero que tampoco capitule ante el populismo o elaboraciones fanáticamente alejadas de lo real”. “Este es el Vargas Llosa que me interesa evocar”, subrayó.
Asimismo, destacó que el autor hispanoperuano “tenía la convicción de que el verdadero problema surge cuando la ideología interfiere en la creatividad, reduciendo la obra a un mero panfleto”. “Vargas Llosa siempre se sometió a las exigencias intrínsecas de la literatura; fue un narrador excepcional cuya habilidad para crear universos propios configuró un modelo narrativo irreemplazable”, explicó.
El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, puso de relieve la “asombrosa capacidad” del homenajeado para alterar la perspectiva del lector. También rememoró las distintas etapas que Vargas Llosa vivió en España y afirmó que el Gobierno español “tenía la determinación” de realizarle “un merecido homenaje”, considerando Arequipa, su ciudad natal, como el lugar idóneo para ello.
Historia de un deicidio
Por su parte, el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, celebró este tributo a un autor cuyas “novelas magistrales invitan indefectiblemente a ser revisitadas”, señalando que muchos escritores releen Conversación en La Catedral antes de embarcarse en un nuevo proyecto. Centró su alocución en la faceta académica de Vargas Llosa, la “menos divulgada”, como su ensayo sobre Gabriel García Márquez, Historia de un deicidio.
El académico y novelista español Javier Cercas advirtió que aún es pronto para una valoración definitiva de la figura de Vargas Llosa, si bien reconoció su profunda influencia en su propia obra. “En mi juventud, yo anhelaba ser un escritor en francés, porque para los lectores en español él representaba una suerte de fusión entre Flaubert y Víctor Hugo”, manifestó.
La escritora dominicana Soledad Álvarez se adentró en el análisis de La fiesta del chivo, novela que aborda la dictadura de Trujillo en República Dominicana y expone “las consecuencias políticas del terror, la opresión y el miedo más despiadados”, instaurados durante 31 años. “Se trata de una novela histórica donde la relación entre realidad y ficción alcanza su punto máximo de tensión”, precisó.
La realidad hispanoamericana
El ensayista Carlos Granés rememoró cómo Vargas Llosa “concibió la literatura como una respuesta al descontento vital y una forma de insurgir contra una realidad que siempre resulta insuficiente”. En opinión de Granés, su “escala de valores fungió como termómetro” que impulsó al autor a “evaluar la calidad” de los gobiernos, comenzando así a “desentrañar la compleja realidad” de Hispanoamérica.
De igual modo, el escritor peruano Alonso Cueto celebró que se rinda tributo a un autor contemporáneo singular, ya que “resulta difícil hallar a otro que haya producido una cantidad comparable de obras maestras”. “Vargas Llosa forjó un cosmos narrativo único que ya forma parte de nosotros: nuestra percepción del Perú, del mundo, de la vida o del amor es distinta desde que lo leímos”, indicó.
Para finalizar, el presidente de la Academia Peruana de la Lengua, Eduardo Hopkins, se refirió a los personajes de las obras del autor de La ciudad y los perros, enfocándose en aquellos protagonistas “desprovistos de moral”. “Vargas Llosa fue un hombre que reflexionó y actuó en torno al significado de la civilización para la humanidad, y siempre permaneció vigilante para identificar, analizar y denunciar los brotes de barbarie en el mundo contemporáneo”, destacó.
La ceremonia, que contó con la presencia del rey Felipe VI y se desarrolló en el Teatro Municipal de la Ciudad Blanca, incluyó las intervenciones del director del Instituto Cervantes, Luis García Montero; el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; el director de la Real Academia Española (RAE), Santiago Muñoz Machado, así como de escritores de la talla de Javier Cercas y Soledad Álvarez.
Luis García Montero, encargado de clausurar el acto, hizo mención especial al ensayo La civilización del espectáculo, texto que, en sus palabras, “convida a reflexionar sobre la cultura y la existencia desde una perspectiva que no se confine al elitismo, pero que tampoco capitule ante el populismo o elaboraciones fanáticamente alejadas de lo real”. “Este es el Vargas Llosa que me interesa evocar”, subrayó.
Asimismo, destacó que el autor hispanoperuano “tenía la convicción de que el verdadero problema surge cuando la ideología interfiere en la creatividad, reduciendo la obra a un mero panfleto”. “Vargas Llosa siempre se sometió a las exigencias intrínsecas de la literatura; fue un narrador excepcional cuya habilidad para crear universos propios configuró un modelo narrativo irreemplazable”, explicó.
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El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, puso de relieve la “asombrosa capacidad” del homenajeado para alterar la perspectiva del lector. También rememoró las distintas etapas que Vargas Llosa vivió en España y afirmó que el Gobierno español “tenía la determinación” de realizarle “un merecido homenaje”, considerando Arequipa, su ciudad natal, como el lugar idóneo para ello.
Historia de un deicidio
Por su parte, el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, celebró este tributo a un autor cuyas “novelas magistrales invitan indefectiblemente a ser revisitadas”, señalando que muchos escritores releen Conversación en La Catedral antes de embarcarse en un nuevo proyecto. Centró su alocución en la faceta académica de Vargas Llosa, la “menos divulgada”, como su ensayo sobre Gabriel García Márquez, Historia de un deicidio.
El académico y novelista español Javier Cercas advirtió que aún es pronto para una valoración definitiva de la figura de Vargas Llosa, si bien reconoció su profunda influencia en su propia obra. “En mi juventud, yo anhelaba ser un escritor en francés, porque para los lectores en español él representaba una suerte de fusión entre Flaubert y Víctor Hugo”, manifestó.
La escritora dominicana Soledad Álvarez se adentró en el análisis de La fiesta del chivo, novela que aborda la dictadura de Trujillo en República Dominicana y expone “las consecuencias políticas del terror, la opresión y el miedo más despiadados”, instaurados durante 31 años. “Se trata de una novela histórica donde la relación entre realidad y ficción alcanza su punto máximo de tensión”, precisó.
La realidad hispanoamericana
El ensayista Carlos Granés rememoró cómo Vargas Llosa “concibió la literatura como una respuesta al descontento vital y una forma de insurgir contra una realidad que siempre resulta insuficiente”. En opinión de Granés, su “escala de valores fungió como termómetro” que impulsó al autor a “evaluar la calidad” de los gobiernos, comenzando así a “desentrañar la compleja realidad” de Hispanoamérica.
De igual modo, el escritor peruano Alonso Cueto celebró que se rinda tributo a un autor contemporáneo singular, ya que “resulta difícil hallar a otro que haya producido una cantidad comparable de obras maestras”. “Vargas Llosa forjó un cosmos narrativo único que ya forma parte de nosotros: nuestra percepción del Perú, del mundo, de la vida o del amor es distinta desde que lo leímos”, indicó.
Para finalizar, el presidente de la Academia Peruana de la Lengua, Eduardo Hopkins, se refirió a los personajes de las obras del autor de La ciudad y los perros, enfocándose en aquellos protagonistas “desprovistos de moral”. “Vargas Llosa fue un hombre que reflexionó y actuó en torno al significado de la civilización para la humanidad, y siempre permaneció vigilante para identificar, analizar y denunciar los brotes de barbarie en el mundo contemporáneo”, destacó.