Hoy se conmemora uno de los momentos más trascendentales en la historia de América Latina: el inicio de los alegatos del fiscal Julio César Strassera en el Juicio a las Juntas Militares de Argentina. Fue en ese estrado, frente a los responsables del terrorismo de Estado, donde la sociedad argentina comenzó a transitar el arduo camino de la justicia.
Con claridad moral y valor cívico, Strassera no solo presentó las pruebas de los horrores cometidos durante la dictadura; encapsuló el anhelo de toda una nación en dos palabras que resonarían por generaciones: Nunca Más. Esa frase no era solo un cierre, sino un compromiso solemne con la memoria, la verdad y la justicia. Fue la piedra fundacional de un nuevo pacto social: que nunca más la violencia estatal sería usada para silenciar, desaparecer y torturar.
Sin embargo, décadas después, la sombra de la impunidad aún se cierne. A pesar de avances significativos —como la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los numerosos juicios por crímenes de lesa humanidad—, los intentos por relativizar lo ocurrido, los discursos que buscan “volver la página” y las presiones políticas y judiciales de sectores negacionistas amenazan constantemente este proceso.
La impunidad no es solo que algún culpable escape de la cárcel; es que el Estado flaquee en su deber de recordar, educar y juzgar. Cada vez que se cuestionan los juicios, cada vez que se minimiza el número de desaparecidos, cada vez que se pide “mirar al futuro” sin haber cerrado las heridas del pasado, se traiciona el espíritu del “Nunca Más”.
La lucha por la memoria es una batalla permanente. El legado de Strassera y de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo nos recuerda que la justicia no es un punto de llegada, sino una construcción diaria. En un presente donde los autoritarismos resurgen globalmente, el “Nunca Más” debe ser más que un lema: un principio activo, una defensa inquebrantable de los derechos humanos y una brújula ética para las generaciones venideras. Que el eco de aquellos alegatos nunca deje de escucharse.
Hoy se conmemora uno de los momentos más trascendentales en la historia de América Latina: el inicio de los alegatos del fiscal Julio César Strassera en el Juicio a las Juntas Militares de Argentina. Fue en ese estrado, frente a los responsables del terrorismo de Estado, donde la sociedad argentina comenzó a transitar el arduo camino de la justicia.
Con claridad moral y valor cívico, Strassera no solo presentó las pruebas de los horrores cometidos durante la dictadura; encapsuló el anhelo de toda una nación en dos palabras que resonarían por generaciones: Nunca Más. Esa frase no era solo un cierre, sino un compromiso solemne con la memoria, la verdad y la justicia. Fue la piedra fundacional de un nuevo pacto social: que nunca más la violencia estatal sería usada para silenciar, desaparecer y torturar.
Sin embargo, décadas después, la sombra de la impunidad aún se cierne. A pesar de avances significativos —como la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los numerosos juicios por crímenes de lesa humanidad—, los intentos por relativizar lo ocurrido, los discursos que buscan “volver la página” y las presiones políticas y judiciales de sectores negacionistas amenazan constantemente este proceso.
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