La Caja de las Letras del Instituto Cervantes acogió este martes 21 de octubre un pasaporte cancelado por el gobierno de Fulgencio Batista, como parte de un legado póstumo en homenaje a Nicolás Guillén (1902-1989), aclamado como Poeta Nacional de Cuba y creador del poema La muralla, que posteriormente se convertiría en una célebre canción interpretada por Ana Belén y Víctor Manuel.
En el acto estuvieron presentes el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y el presidente de la Fundación Nicolás Guillén y nieto del poeta, Nicolás Hernández Guillén.
García Montero subrayó que Guillén fue un poeta que «integró la tradición cultural española en un diálogo con la identidad cubana y representó el espacio de color cubano o el negrismo». Asimismo, destacó que su compromiso político «se intensificó» tras el golpe de Estado de Batista, reflejándose en su literatura mediante «un diálogo entre la cultura y la conciencia social».
«En España se erigió en un autor de referencia, no solo por su valía literaria y su conexión con la literatura española, sino también por haber sido un poeta musicalizado; sus versos, difundidos por las voces de Ana Belén y Víctor Manuel, resonaron en nuestras plazas y calles, impulsándonos a mantener una actitud abierta y a derribar toda clase de muros», concluyó.
Por su parte, el nieto del poeta relató que este pasaporte, que ya ocupa la caja fuerte número 1146 del Instituto, fue utilizado por Guillén para viajar a Chile en 1953 con el fin de participar en un Congreso Latinoamericano de Escritores. En ese periodo se gestaba la Revolución Cubana, y aquel viaje «se transformó en un exilio al verse imposibilitado de regresar».
«En el momento de mayor presión, residió gran parte de su destierro en Francia, hasta que las autoridades francesas empezaron a instarle a abandonar el país por resultar incómodo para ellas. Fue entonces cuando la dictadura de Batista consideró oportuno invalidar su pasaporte», explicó.
De hecho, el documento presenta una franja horizontal con la palabra ‘inutilizado’. Guillén recibió un plazo de 21 días para salir de Francia y solo pudo hacerlo gracias a la gestión de su amigo Rafael Alberti, quien en aquel entonces se encontraba en Argentina.
El entonces presidente argentino, Arturo Frondizi, también admiraba la obra de Guillén y dio instrucciones para aceptar cualquier solicitud de asilo del poeta. «Así fue como viajó a Argentina, donde le aguardaban Rafael Alberti y María Teresa León, encontrando un afecto, calor y familiaridad que contrastaban con la hasta entonces muy ardua experiencia del exilio», recalcó.
Sóngoro Cosongo
El legado incluye también un ejemplar de la edición príncipe de Sóngoro Cosongo, dedicado por Guillén a su esposa. «Este poemario es quizás el más significativo de su producción y procede de una tirada de 300 ejemplares que Guillén costeó con el premio de una lotería», señaló. La dedicatoria de este ejemplar, el número 2, reza: «Para Rosa, con el mucho cariño que le tiene su sóngoro cosongo».
Para finalizar, el legado se completa con un dibujo de Guillén, que incluye el título de la pieza escrito de su puño y letra. «Se trata de una viñeta a la que denominó Salina con hombre, pues era una persona con un gran sentido del humor y disfrutaba enormemente realizando este tipo de creaciones», indicó.
Identidad mestiza
La obra de Guillén se distingue por una poesía comprometida con la justicia social y la identidad mestiza. Fue pionero de la poesía negra hispana y un militante comunista que apoyó activamente la Revolución Cubana. Entre sus poemas más emblemáticos se encuentra Balada de los dos abuelos, símbolo de la reconciliación entre sus orígenes africanos y europeos.
Su extensa producción se inicia de manera muy temprana, con artículos periodísticos en su ciudad natal y poemas que en su momento no vieron la luz. Entre sus poemarios más notables figuran Motivos de son (1930), Sóngoro Cosongo (1931), West Indies, Ltd. (1934), España. Poema en cuatro angustias y una esperanza (1937) y Cantos para soldados y sones para turistas (1937), entre otros.
Su obra en prosa ha sido recopilada en Prosa de prisa, cuatro volúmenes compilados por Ángel Augier, el último de los cuales se publicó en 2006. Su activismo político desde las filas del Partido Socialista Popular le supuso el exilio durante la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958). Fue fundador de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (1961), institución que presidiría hasta su fallecimiento en 1989. Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas.
La Caja de las Letras del Instituto Cervantes acogió este martes 21 de octubre un pasaporte cancelado por el gobierno de Fulgencio Batista, como parte de un legado póstumo en homenaje a Nicolás Guillén (1902-1989), aclamado como Poeta Nacional de Cuba y creador del poema La muralla, que posteriormente se convertiría en una célebre canción interpretada por Ana Belén y Víctor Manuel.
En el acto estuvieron presentes el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y el presidente de la Fundación Nicolás Guillén y nieto del poeta, Nicolás Hernández Guillén.
García Montero subrayó que Guillén fue un poeta que «integró la tradición cultural española en un diálogo con la identidad cubana y representó el espacio de color cubano o el negrismo». Asimismo, destacó que su compromiso político «se intensificó» tras el golpe de Estado de Batista, reflejándose en su literatura mediante «un diálogo entre la cultura y la conciencia social».
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Por su parte, el nieto del poeta relató que este pasaporte, que ya ocupa la caja fuerte número 1146 del Instituto, fue utilizado por Guillén para viajar a Chile en 1953 con el fin de participar en un Congreso Latinoamericano de Escritores. En ese periodo se gestaba la Revolución Cubana, y aquel viaje «se transformó en un exilio al verse imposibilitado de regresar».
«En el momento de mayor presión, residió gran parte de su destierro en Francia, hasta que las autoridades francesas empezaron a instarle a abandonar el país por resultar incómodo para ellas. Fue entonces cuando la dictadura de Batista consideró oportuno invalidar su pasaporte», explicó.
De hecho, el documento presenta una franja horizontal con la palabra ‘inutilizado’. Guillén recibió un plazo de 21 días para salir de Francia y solo pudo hacerlo gracias a la gestión de su amigo Rafael Alberti, quien en aquel entonces se encontraba en Argentina.
El entonces presidente argentino, Arturo Frondizi, también admiraba la obra de Guillén y dio instrucciones para aceptar cualquier solicitud de asilo del poeta. «Así fue como viajó a Argentina, donde le aguardaban Rafael Alberti y María Teresa León, encontrando un afecto, calor y familiaridad que contrastaban con la hasta entonces muy ardua experiencia del exilio», recalcó.
Sóngoro Cosongo
El legado incluye también un ejemplar de la edición príncipe de Sóngoro Cosongo, dedicado por Guillén a su esposa. «Este poemario es quizás el más significativo de su producción y procede de una tirada de 300 ejemplares que Guillén costeó con el premio de una lotería», señaló. La dedicatoria de este ejemplar, el número 2, reza: «Para Rosa, con el mucho cariño que le tiene su sóngoro cosongo».
Para finalizar, el legado se completa con un dibujo de Guillén, que incluye el título de la pieza escrito de su puño y letra. «Se trata de una viñeta a la que denominó Salina con hombre, pues era una persona con un gran sentido del humor y disfrutaba enormemente realizando este tipo de creaciones», indicó.
Identidad mestiza
La obra de Guillén se distingue por una poesía comprometida con la justicia social y la identidad mestiza. Fue pionero de la poesía negra hispana y un militante comunista que apoyó activamente la Revolución Cubana. Entre sus poemas más emblemáticos se encuentra Balada de los dos abuelos, símbolo de la reconciliación entre sus orígenes africanos y europeos.
Su extensa producción se inicia de manera muy temprana, con artículos periodísticos en su ciudad natal y poemas que en su momento no vieron la luz. Entre sus poemarios más notables figuran Motivos de son (1930), Sóngoro Cosongo (1931), West Indies, Ltd. (1934), España. Poema en cuatro angustias y una esperanza (1937) y Cantos para soldados y sones para turistas (1937), entre otros.
Su obra en prosa ha sido recopilada en Prosa de prisa, cuatro volúmenes compilados por Ángel Augier, el último de los cuales se publicó en 2006. Su activismo político desde las filas del Partido Socialista Popular le supuso el exilio durante la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958). Fue fundador de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (1961), institución que presidiría hasta su fallecimiento en 1989. Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas.