El Otoño Cultural Iberoamericano echa a andar en Huelva con el ritmo pausado de quien sabe que el arte necesita tiempo y espacio para respirar. Octubre llega a la Casa Colón con tres propuestas que son, ante todo, diálogos íntimos con la materia.
En la Sala Río Odiel, “Espacios” reúne el trabajo de las argentinas Silvia Coggiola y Patricia Vannuchi. No es una mera coexistencia de fotografía, pintura y escultura, sino una conversación profunda sobre los vacíos y los volúmenes que habitamos. La cámara de Coggiola y las formas de Vannuchi se buscan y se responden, trazando un mapa sensible de los lugares físicos y mentales que nos contienen.
Mientras, la Sala de Los Brazos acoge la “Euphoria Subliminal” de Piero Troiani. El escultor venezolano trabaja el metal y la madera con una tensión contenida, como si cada pieza fuera el residuo de una fuerza poderosa que acabara de pasar. Su obra no grita; susurra, dejando en el aire un eco de movimiento solidificado.
Cierra este tríptico la Sala Río Tinto con “El tiempo de Alicia”, del mexicano Santiago García Galván. Sus fotografías operan como un reloj de arena poético, donde la figura humana se desdibuja para fundirse con el transcurrir de los segundos, los años, los siglos. Es un ejercicio de paciencia, de mirar cómo la luz talla memorias en el instante.
Tres exposiciones, tres formas de habitar el silencio y construir un paisaje iberoamericano hecho de miradas que se cruzan desde Argentina, Venezuela y México. La cita, sencillamente, está abierta.
El Otoño Cultural Iberoamericano echa a andar en Huelva con el ritmo pausado de quien sabe que el arte necesita tiempo y espacio para respirar. Octubre llega a la Casa Colón con tres propuestas que son, ante todo, diálogos íntimos con la materia.
En la Sala Río Odiel, “Espacios” reúne el trabajo de las argentinas Silvia Coggiola y Patricia Vannuchi. No es una mera coexistencia de fotografía, pintura y escultura, sino una conversación profunda sobre los vacíos y los volúmenes que habitamos. La cámara de Coggiola y las formas de Vannuchi se buscan y se responden, trazando un mapa sensible de los lugares físicos y mentales que nos contienen.
Mientras, la Sala de Los Brazos acoge la “Euphoria Subliminal” de Piero Troiani. El escultor venezolano trabaja el metal y la madera con una tensión contenida, como si cada pieza fuera el residuo de una fuerza poderosa que acabara de pasar. Su obra no grita; susurra, dejando en el aire un eco de movimiento solidificado.
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