Hay artistas que pasan por la vida, y otros que la atraviesan como un río que cambia el paisaje para siempre. Chico Buarque pertenece a esta segunda estirpe. Nacido Francisco Buarque de Hollanda en Río de Janeiro, un 19 de junio de 1944, creció en el seno de una familia de intelectuales: hijo del célebre historiador y sociólogo Sérgio Buarque de Holanda y de la pianista Maria Amélia. Cursó estudios de Arquitectura en la Universidad de São Paulo, que abandonó en 1964, cuando el golpe militar invadió las universidades y todo empezó a oscurecerse. Pero la ciudad y sus formas ya le habían enseñado a mirar con otros ojos.
Su irrupción en la música fue tan temprana como fulgurante. A los 15 años compuso su primera canción, y en 1966, con "A Banda", se ganó el corazón de Brasil en un festival que lo proyectó a la fama. Desde entonces, su obra se convirtió en un territorio sin fronteras, donde la samba, la bossa nova y el choro se encuentran con la poesía más refinada. Canciones como "Construção", "O que será" o "Roda Viva" no solo son piezas musicales, sino pequeñas anatomías de lo cotidiano, del desamparo y de la esperanza. Y es que Buarque siempre fue, ante todo, un compositor que canta.
Pero en un Brasil atravesado por la dictadura militar (1964-1985), la belleza de sus letras se volvió también un acto de resistencia. Perseguido, retirado de su casa y llevado al temido DOPS, Chico aprendió a hablar con metáforas, a burlar a la censura con la astucia de un alquimista verbal. "Apesar de Você" se convirtió en un himno mordaz contra el régimen, un canto cifrado de libertad que el pueblo entendió a la perfección. Su exilio voluntario en Italia, sus participaciones en las grandes marchas populares, su silencio cuando la palabra era un peligro, todo eso forma parte de un compromiso ético que nunca abandonó.
Sin embargo, la música no bastaba para contener su mundo interior. En 1974 publicó Fazenda Modelo, una novela corta que era, bajo la apariencia de una sátira rural, una crítica feroz a la "vida de gado" impuesta por la dictadura. Luego llegarían Estorbo (1991), Benjamim (1995) y Budapest (2003), novelas que consolidaron su prestigio internacional y que, como sus canciones, juegan con el lenguaje y el desasosiego de los personajes. Buarque no concibe la literatura como una escalera para subir de categoría, sino como "algo diferente". Y esa diferencia lo ha llevado a ganar tres veces el Premio Jabuti como mejor libro del año y, en 2019, el Premio Camões, el mayor reconocimiento para la literatura en lengua portuguesa. La ceremonia de entrega se demoró cuatro años porque el entonces presidente Jair Bolsonaro se negó a firmar el decreto; cuando finalmente ocurrió, en 2023, fue el presidente Lula quien le entregó el galardón, en un acto que supo a reparación.
Hoy, con más de 600 canciones, 40 discos y 20 libros a sus espaldas, Chico Buarque es una montaña en el horizonte de la cultura latinoamericana. Su legado no se mide solo en premios o en la admiración de colegas como Caetano Veloso, Milton Nascimento o Gilberto Gil, sino en la manera en que sus versos siguen habitando las calles, las radios y las memorias de quienes encuentran en ellos un eco de su propia humanidad. Esa voz que supo ser al mismo tiempo íntima y colectiva, dulce y cortante, es la que lo convierte, simplemente, en Chico. Un nombre que, en Brasil y en el mundo, dice mucho más que cualquier biografía.