El paí Julián (tributo a Julián Zini)

El paí Julián (tributo a Julián Zini)

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Por Pedro Jorge Solans
(poema del libro inédito: Quitilipi, otra voz).

Los tiempos oscuros
desorientaron al paí.
El viento norte
no traía polvo
de tierra fértil;
los payés volaban,
los suindás chillaban,
y tronaba el descontento.

El paí escuchó un silencio amargo,
las acordeonas callaron
y un silbido
había cortado las cuerdas
de las guitarras.

¡Pucha!
Los chamamés
no suenan como ayer.

La desolación se hacía notar,
«Pueblo Arandú
¿Qué pa es lo que anunciá?

En lo de su compadre
ya no había nadie.

¡Chaque… mi alma,
el agua para el mate se enfrió,
estamos fritos! se dijo así mismo,
mientras volvía a su casa.

Espantó unas moscas,
sacó una silla al patio,
se desprendió la camisa
y vio “la muerte en camiseta.”

El calor acompañaba
la resignación,
y cerró los ojos
para no llorar.

De pronto,
sintió al limonero,
despertó
y vio a lo lejos,
una pequeña luz.

Apenas, la veía.
Se había encendido
en un rancho
que flotaba en el aire.

Respiró hondo
y salió como un chijete.

Caminó tantas lunas
y tantos soles
que “sudó la gota gorda”,
mató una yarará,
se paró de frente,
miró fijo a un puma,
y comió ñangapirí.

Después de tanto andar
el paí llegó al rancho,
y golpeó las manos.

La puerta de enredaderas
estaba abierta,
ingresó en la enramada
y no había nadie.

La luz miní
se había hecho luz guazú,
y se dio cuenta
que era él nomás.

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